Independencia y objetividad: entre el pensamiento y la práctica

Hugo Valenzuela
Independencia y objetividad: entre el pensamiento y la práctica
Me parece correcto aclarar que hablar de filosofía en medio de la vorágine de un negocio tecnológico no es un desvío del camino empresarial, sino una forma de darle profundidad. Las startups tecnológicas habitan un espacio social en el que los datos, los algoritmos y las decisiones automatizadas moldean realidades; en ese contexto, las humanidades digitales ofrecen un puente entre la reflexión crítica y la práctica técnica. No se trata de oponer lo humano a lo digital, sino de integrar pensamiento, ética y tecnología en un mismo plano de acción. Las humanidades digitales nos recuerdan que cada línea de código expresa una visión del mundo, y que incluso en los procesos de auditoría o compliance hay decisiones que implican valores, interpretaciones y formas de conocimiento. Por eso creemos que una startup puede —y debe— pensar filosóficamente: porque la economía y la tecnología sin reflexión corren el riesgo de ser eficientes, pero vacías de sentido. Pensar nos permite construir tecnología con propósito y humanidad.
Hablar de independencia y objetividad en una empresa tecnológica tal como Check Auditor no es solo hablar de metodología, sino de una forma de conocimiento. Desde la filosofía, estos conceptos han sido tensionados entre la búsqueda de una verdad universal y la conciencia de que toda observación está mediada por quien observa.
Para Platón, conocer implicaba acceder al mundo de las ideas puras, un espacio donde la verdad existe sin contaminación. En esa línea, la objetividad sería una aspiración a mirar más allá de las apariencias (Platón, La República, 380 a.C., Libro VII, p. 220).
Aristóteles, en cambio, situó el conocimiento en la experiencia y la observación del mundo real: el saber se construye con la práctica, con la interpretación (Aristóteles, Metafísica, ca. 340 a.C., Libro I, p. 13). En ese tránsito se gesta la tensión entre objetividad y subjetividad que sigue vigente.
Siglos después, George Berkeley cuestionó esa pretensión de objetividad radical: “ser es ser percibido” (esse est percipi), escribió, recordándonos que toda realidad pasa por el filtro de la percepción (Berkeley, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, 1710, p3).
Jean-Paul Sartre retomó la idea desde el existencialismo, afirmando que el sujeto está condenado a elegir, a interpretar; la independencia no sería ausencia de influencia, sino libertad consciente frente a ella (Sartre, El ser y la nada, 1943, p. 556).
Por su parte, Michel Foucault mostró cómo el conocimiento y el poder se entrelazan: toda forma de “verdad” está inscrita en relaciones institucionales y discursivas (Foucault, Vigilar y castigar, 1975, p. 27). Lo que llamamos independencia, entonces, debe pensarse también como resistencia a los discursos dominantes.
Jacques Derrida, con su idea de la deconstrucción, nos advierte que no hay significados fijos: todo texto, toda práctica, toda organización puede y debe ser reinterpretada (Derrida, De la gramatología, 1967, p. 158).
En el mundo empresarial, estas tensiones no son abstractas. Se viven a diario. Una organización verdaderamente independiente no es la que carece de influencias, sino la que reconoce sus condicionamientos, los transparenta y establece mecanismos para reducir sesgos. La objetividad no es neutralidad absoluta, sino la capacidad de construir verdades compartidas a través de procesos verificables, revisiones cruzadas y responsabilidad colectiva.
En Check Auditor entendemos la independencia como una práctica ética: escuchar múltiples perspectivas, revisar nuestras propias conclusiones y permitir que la tecnología sirva de mediadora, no de juez. Ser objetivos no significa ignorar la subjetividad, sino darle estructura y método para que no opaque la evidencia.
Las empresas, al igual que los individuos, se construyen entre estos polos: la subjetividad que da sentido y la objetividad que da forma. Saber equilibrarlos es lo que permite tomar decisiones transparentes, justas y sostenibles.
Porque, al final, la independencia no es distancia, sino lucidez en medio de la complejidad.
Si quieres profundizar conceptualmente puedes consultar:
- Platón. La República, Libro VII (“Alegoría de la Caverna”).
- Aristóteles. Metafísica, Libro I.
- Berkeley, George. Tratado sobre los principios del conocimiento humano.
- Sartre, Jean-Paul. El ser y la nada.
- Foucault, Michel. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.
- Derrida, Jacques. De la gramatología.
