artículo·  

Tendencias en compliance y riesgos 2026

Hugo Valenzuela

Hugo Valenzuela

El 2026 ha comenzado marcado por una agenda regulatoria más intensa y un entorno empresarial en el que la tecnología, la transparencia y la gestión del riesgo se han convertido en piezas centrales. En Chile, las compañías enfrentan un escenario en el que las autoridades, desde el Servicio de Impuestos Internos (SII) hasta la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), avanzan hacia un modelo de fiscalización preventiva, apoyado en herramientas de big data, inteligencia artificial (IA) y cruces de información en tiempo real.

Las organizaciones ya no pueden limitarse a un cumplimiento meramente formal; la exigencia actual es adoptar sistemas de compliance dinámicos y predictivos, capaces de anticipar riesgos tributarios, regulatorios, financieros, ambientales y reputacionales. Este giro responde tanto a la presión regulatoria como a la creciente sensibilidad social frente a los impactos de la actividad empresarial, lo que pone a los directorios y altos ejecutivos en el centro de la rendición de cuentas.


La inteligencia artificial como motor del compliance

La IA se está consolidando como la herramienta más disruptiva en la gestión de riesgos. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos no estructurados —como contratos, registros financieros, correos electrónicos y movimientos en redes sociales— permite detectar patrones de anomalías que antes pasaban inadvertidos.

En Chile, esta tecnología ya se utiliza en sectores críticos. Por ejemplo, en banca y seguros, se implementan modelos de IA para detectar operaciones sospechosas vinculadas al lavado de activos. En retail y minería, se han comenzado a desplegar algoritmos que ayudan a identificar irregularidades en cadenas de suministro, especialmente tras los recientes cuestionamientos a la trazabilidad de importaciones.

La proyección es clara: los modelos de machine learning se convertirán en aliados estratégicos para el compliance, entregando alertas tempranas sobre fraudes, incumplimientos normativos o riesgos ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). No obstante, esta tendencia abre también debates sobre ética y sesgos algorítmicos, obligando a las empresas a complementar la tecnología con criterios humanos de auditoría y validación.


Automatización y reducción de riesgos operativos

Otra tendencia clave para 2026 es la automatización de procesos de compliance. Las compañías están migrando hacia sistemas que integran la recopilación, validación y almacenamiento de datos de proveedores, clientes y operaciones, eliminando errores humanos y acelerando la toma de decisiones.

Por ejemplo, en los sectores minero y energético, donde la regulación ambiental es cada vez más estricta, se utilizan plataformas automatizadas que verifican permisos y certificaciones en tiempo real. En el ámbito tributario, el SII está incentivando la interoperabilidad de sistemas contables con sus plataformas, lo que obliga a las empresas a integrar controles automáticos de facturación, impuestos y declaraciones.

La automatización no solo reduce costos, sino que fortalece la trazabilidad documental y permite una respuesta más rápida frente a fiscalizaciones. Esto es relevante considerando que, según proyecciones de la propia CMF, en 2026 se incrementarán las revisiones en terreno y los cruces de datos en tiempo real, lo que significa que los errores ya no tendrán espacio para ser corregidos a última hora.


Fiscalización inteligente en Chile: de la reacción a la prevención

El Estado chileno está avanzando hacia un modelo de fiscalización inteligente, apoyado en big data y análisis predictivo. El SII, por ejemplo, ha reforzado sus capacidades tecnológicas para detectar incongruencias entre declaraciones de impuestos, movimientos bancarios y operaciones internacionales.

Asimismo, la CMF ha puesto foco en la supervisión de criterios ESG en empresas fiscalizadas y en la solidez de los procesos de due diligence en la selección de proveedores críticos, especialmente en sectores de alta exposición como minería, retail y banca. La Superintendencia de Medio Ambiente, por su parte, ha fortalecido sus programas de monitoreo remoto, utilizando sensores e imágenes satelitales para controlar el cumplimiento de estándares ambientales.

Este ecosistema de fiscalización implica que el compliance ya no puede ser reactivo. Las empresas deben asumir un rol preventivo, adoptando mapas de riesgo actualizados, controles internos digitales y auditorías continuas que permitan demostrar trazabilidad y responsabilidad frente a las autoridades.


El nuevo perfil del compliance officer

En este escenario, el rol del compliance officer se transforma. Ya no basta con un perfil legalista o de control documental; ahora se requiere una combinación de habilidades tecnológicas, visión estratégica y liderazgo ético. Los equipos de cumplimiento deben ser capaces de entender cómo funcionan los algoritmos, interpretar dashboards de riesgo y, al mismo tiempo, generar confianza en directorios, trabajadores y stakeholders.

La tendencia apunta hacia un modelo híbrido: compliance digitalizado con supervisión humana estratégica. En otras palabras, la IA y la automatización se encargan de los procesos repetitivos, mientras los equipos de compliance interpretan resultados, gestionan alertas críticas y toman decisiones con criterio ético.




Desafíos y oportunidades hacia adelante

El 2026 plantea desafíos significativos:

  • Integrar la tecnología sin perder de vista la ética y la transparencia.

  • Evitar que la automatización genere “cumplimiento de apariencia”, en lugar de prácticas reales de prevención.

  • Formar equipos capacitados en el cruce de áreas como derecho, ingeniería de datos y gestión de riesgos.

Pero también se abren oportunidades. Las compañías que adopten un enfoque proactivo y digital en compliance estarán mejor posicionadas frente a inversionistas, reguladores y consumidores. En un contexto en que la reputación corporativa puede verse afectada por una sola noticia negativa, contar con procesos de compliance sólidos y trazables será una ventaja competitiva.

En síntesís

El panorama de compliance y riesgos en Chile para 2026 está definido por tres fuerzas: inteligencia artificial, automatización y fiscalización inteligente. Estos elementos no solo transforman la manera en que las empresas gestionan sus riesgos, sino que también redefinen la relación entre el sector privado, la sociedad y el Estado.

El reto para las organizaciones es claro: pasar de un cumplimiento formal a un compliance vivo, capaz de adaptarse a cambios regulatorios, tecnológicos y sociales con agilidad. El futuro del riesgo corporativo ya no se juega solo en el plano financiero o legal, sino también en la capacidad de las empresas de anticiparse, innovar y construir confianza en entornos cada vez más exigentes.